Sport
October 1, 2026

Una acción del pasado derbi. / Luisma Murias / LNE
La semana después de una dura derrota da para mucho, reafirmación, duda, crítica y charcos. Hay que lidiar con lo que tenemos. Si la semana pasada reflexionábamos sobre la apuesta del derbi o la temporada, ahora levantémonos con orgullo y vayamos con determinación a por el siguiente objetivo. A fin de cuentas, por mucho que nos duela, no han sido más que tres puntos.
Federer, en su famoso discurso de graduación en la Universidad de Dartmouth (EE. UU.), hablaba de que su gran fortaleza ¬–amén de su enorme talento¬– era dejar atrás el error: “es solo un punto”. En el tenis si te dejas arrastrar por cada tanto errado estás en el camino a la derrota. En el fútbol pasa algo parecido: el tiempo también es más que limitado, decisiones en décimas de segundo, intuición y análisis en tiempo real.
Nunca dos acciones son exactamente iguales, aunque a veces lo parezcan. Aquí entra en juego el don innato y su desarrollo para dominar el estrés del alto rendimiento, la tolerancia y la superación del desacierto. Asimismo, para mejorar es clave la constante exposición a contextos reales que intentamos reproducir en el entrenamiento, pero resulta imposible imitarlos al 100%. La competición es otra cosa: la vida real.
No solo dentro del campo, fuera del verde el futbolista joven también debería ser tutelado por la maestría del veterano que ya se ha equivocado. No podemos crucificar los errores de la inexperiencia, ni los del rectángulo, ni los de las redes.
Debemos aleccionar la imprudencia –casi siempre involuntaria del bisoño– con cariño, pero exigiendo responsabilidad profesional. No está reñida una cosa con la otra. De exigir, exijamos al que debe sostener con su rendimiento y madurez el escudo, y no juzguemos solo el desliz del novato.
Seguro que antes vivíamos mucho más relajados sin redes sociales, pero el futbolista actual debe lidiar con estas herramientas –tan útiles como peligrosas– grandes amplificadoras de los aciertos y también de los descuidos.
Educar, entrenar, apostar… El domingo visitó Miramar el Basconia, el “equivalente” al Sporting C: un equipo de imberbes que compiten como veteranos; también se equivocan, pero la línea es clara y muchos llegarán pronto a San Mamés. Pura rentabilidad. ¿Cómo lo hacen?
No es la panacea: la inversión en cantera es real y se mide en euros.
Esta semana nos visita el Celta Fortuna, filial de otro club que lleva años apostando al interés compuesto de la inversión en cantera, objetivos simples pero concisos y ahora recoge la cosecha. El Sporting fue maestro alquimista, tuvo la fórmula, casi mágica, como registro de patente de una línea de producción inagotable de canteranos.
¡Qué nostalgia! Quizá la mítica receta aparezca por cualquier rincón de la cocina de Mareo. ¿Os imagináis lo romántico que sería? Ojalá lo volvamos a ver pronto.
Mucha fuerza y suerte a mi Sporting.
Article by Sport. GoalingBreak shows the text for easier reading: all rights remain with the publisher.
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