Sport
2. oktober 2026

Damián Rodríguez, con una de sus 'cuncas' de vino en su bar de ambientación deportivista. / Gus de la Paz
Cuando el padre de Damián Rodríguez vivía en Arzúa, el que más y el que menos tenía un mote. El suyo era 'O Roxo de Palmira', un sobrenombre que lucía con orgullo y que decidió llevar al rótulo de su local de la calle Panamá.
Allí, en el número 6, abrió hace ahora 23 años Bodegas O Roxo, que conserva ese aire casi de bar "de pueblo" con sus mesas de madera y sus barriles. "Es como un local social, toda la gente que viene es del barrio y hemos vivido de todo", cuenta el actual propietario, que empezó echando una mano en el negocio y acabó, casi sin darse cuenta, instalándose tras el mostrador junto a su hermana para continuar con el legado familiar.
Sobre su cabeza, cuelgan los banderines de un equipo que pasó de entretenimiento a parte esencial de la identidad de la taberna. El espíritu blanquiazul del Deportivo se percibe allá donde se pose la mirada: una camiseta enmarcada, bufandas que claman 'Forza, Dépor!' y otras que indican que allí, en O Ventorrillo, tiene su sede una peña con 30 años de historia.
La afición comenzó a reunirse en el antiguo establecimiento de la familia de Rodríguez, el Mesón Arzúa, y se trasladó al número 6 cuando se abrió O Roxo. "Somos uno de los bares más deportivistas de A Coruña. Hemos pasado tanto las mejores etapas del Dépor como las peores", dice Rodríguez desde su taberna, donde los coruñeses nunca dejaron de reunirse "para ver los partidos" y comentar las jugadas, estuviera el equipo en Primera o en Segunda División.
Las charlas se acompañan habitualmente con una cerveza y, si el cuerpo lo pide, con una de esas míticas cuncas de Ribeiro que aún pueden tomarse en el bar. "Cuestan 80 céntimos. Lo del vino se está perdiendo, la gente lo demanda menos, pero nosotros lo tenemos aún", asegura el propietario.
Los días de partido, mientras llena tazas y despacha pinchos de tortilla o callos, él es el primero en estar pendiente del televisor siguiendo los regates. Dice que fue su padre el que le metió el sentimiento deportivista desde pequeño: a los siete años, le llevó por primera vez al estadio para cantar los goles y, desde aquella, acude siempre que puede a las gradas para corear a sus jugadores favoritos.
Si el Dépor jugaba fuera, tocaba ir al bar y celebrar o llorar el partido en función de lo que dictara el resultado. Hoy, y aunque su padre ya no esté al frente del local más futbolero del barrio, la tradición sigue: si el equipo sale al campo, los aficionados de O Ventorrillo y del Agra do Orzán enfilan sus pasos hacia O Roxo, impulsados por ese sentimiento que une a todos los seguidores del Real Club Deportivo de A Coruña: la esperanza inquebrantable de la victoria.
Cuenta el propietario que "todo lo bueno que le ha ocurrido al Dépor son grandes recuerdos: la Liga, el Centenariazo y cada uno de los ascensos". Aunque también ha habido momentos duros, como el descenso a Segunda, que lo dejó fuera de la Liga de Fútbol Profesional e implicó una compleja remontada hasta esta primavera.
El 24 de mayo de 2026, en Bodegas O Roxo, el ambiente estaba cargado de nervios. A Rodríguez le tocó quedarse en la taberna, porque era su hermana la que se iba a Valladolid.
"Los que no pudimos ir nos quedamos aquí. El ascenso lo vivimos muy bien", recuerda el hostelero, que no puede separar los mejores momentos del bar de los del equipo blanquiazul. "Recuerdo que cerramos la calle dos veces cuando ascendió el Deportivo. Hicimos una fiesta con carne ao caldeiro y pulpo", apunta, en referencia a los descensos de 2011 y 2013 y a sus consiguientes subidas.
Por aquel entonces aún trabajaba codo con codo con su padre, al que comenzó a ayudar a los 22 años. Al principio, dice, "no tienes pensado quedarte", pero le fue "gustando" el "ambiente familiar" de aquella bodega cubierta de terracota en la que podía ponerle nombre y cara a la clientela.
No hacerlo sería difícil, porque, si O Roxo procede de un legado familiar, su clientela no se queda lejos. "Viene el abuelo, el hijo y va pasando. Son muy fieles y nuestro éxito es gracias a ellos: a la gente de toda la vida", concluye Rodríguez.
Fuente: La Opinión A Coruña
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