El País Deportes
9 de outubro de 2026

“La última vez que jugué contra Vinicius hice un partido completísimo”, dice Pau Navarro cruzado de brazos bajo el alero del campo del Villarreal B, con la retranca de los humoristas que nunca sonríen. “No se me fue nunca. ¡Lo sequé…! Hasta que se me fue una vez por afuera, metió el pase desde la línea de fondo y nos metieron gol”.
A sus 21 años, Pau Navarro ha aprendido a autoexaminarse, autocriticarse y diseccionarse. Lo hace con cierta ironía, tranquilamente. Así es el juego. Forma parte de su carácter y de su trabajo.
Es la última perla de la cantera que se asienta en el primer equipo. Fiel representante del sueño de José Manuel Llaneza, el ideólogo de un modelo revolucionario basado en crear una academia de fútbol única por su situación geográfica aparentemente periférica.
Enclavado en un pueblo de Castellón de la Plana que nunca pareció destinado a tener un equipo en Primera, el Villarreal se ha convertido en referente del fútbol español gracias al impulso de Fernando Roig, su propietario y presidente.
La versión que visita el Bernabéu este sábado (21.00, Movistar) es el resultado de un giro de tuerca. Después de una década marcada por las estructuras defensivas tradicionales de Unai Emery y Marcelino, el nuevo entrenador, Iñigo Pérez, se ha propuesto un cambio contracultural.
La ciudad deportiva era un hervidero ayer por la mañana. Casi 100 chicos de Castellón, del resto de España y de medio mundo, y 450 empleados de todos los departamentos, agitan las residencias, los pasillos, las oficinas, los comedores, los gimnasios y las canchas. Como cada día el director deportivo, Miguel Ángel Tena, y el consejero delegado, Fernando Roig Negueroles, observaron el entrenamiento a pie de campo. De vez en cuando se les une el presidente.
“Que el propietario y el consejero delegado están en el día a día del primer equipo es lo normal”, observa Tena. “Ellos conocen a todos los jugadores. Hasta los cadetes y juveniles. Nos han transmitido desde el principio que esto se cuida con la proximidad que existe en una familia. Cualquier problema se puede resolver de inmediato. Se crean vínculos de confianza que hacen que los futbolistas se obliguen a restituir con su compromiso”.
Dos clasificaciones sucesivas en Champions por primera vez en la historia del Villarreal dan fe de una pequeña epopeya. Pocos clubes han competido mejor con menos inversión en plantilla. Según Transfermarkt, en las últimas seis temporadas el Villarreal registra un balance positivo de 83 millones de euros en el cómputo de gastos e ingresos en el mercado de fichajes.
Las ventas de canteranos como Jackson, Chukwueze, Pau Torres, Baena, Yéremy Pino y Filip Jorgensen generaron plusvalías de casi el 100% que en parte —80 millones— se destinaron a terminar el estadio de La Cerámica y a ampliar las instalaciones de la ciudad deportiva.
“Este club es inconcebible sin una estructura de cantera porque somos un pueblo de 50.000 habitantes”, señala Tena. “Para nosotros sería inviable fichar todos los años como hacen el Atlético, el Barça o el Madrid. ¡Tendríamos pérdidas! Nosotros el día que no estemos en Champions tenemos que seguir siendo un club sostenible. Llaneza siempre decía: ‘Si pasan 1.000 jugadores por la ciudad deportiva y llega un 1% al primer equipo, ¿qué hacemos con los 990 restantes?’ Si somos capaces de preparar al 99% para que lleguen al fútbol profesional seguramente a largo plazo van a generar muchas plusvalías por otros caminos. El modelo es generar dinero y reinvertirlo en infraestructura, jugadores y activos. Fernando Roig lo dice: ‘Yo no quiero ganar dinero con el fútbol, lo que quiero es que no me cueste dinero”.
El fichaje de Iñigo Pérez el verano pasado evidencia una intención de cambio. Los dirigentes del Villarreal buscaron al técnico navarro para que impulsara dos cosas. Primero, el desarrollo de canteranos como el malagueño Joselillo Gaitán, el ilicitano Carlos Maciá, el castellonense Nizar el-Jimili, o los senegaleses Alassane Diatta y Cheikh Tidiane.
Segundo, la reproducción del juego dinámico y agresivo que mostró el Rayo el curso pasado en partidos que llevaron a los futbolistas a situaciones de máximo riesgo mediante profundos ejercicios de presión en campo rival.

Iñigo Pérez da instrucciones a sus jugadores durante el último encuentro liguero del Villarreal ante el Levante UD. Ana Escobar (EFE)
“Iñigo”, observa Tena, “entiende que al jugador hay que exponerlo. Si lo expones se va a desarrollar. Nosotros antes no nos atrevíamos a hacerlo. Nosotros a lo largo de nuestra historia siempre construimos equipos de bloque medio-bajo. Pero nos gustó mucho la valentía que tiene Iñigo, para ir con bloques altos a enfrentarse a los rivales con la idea de estar más cerca de la portería rival y generar muchas más ocasiones. Esto tiene un riesgo, como hemos visto en las primeras jornadas de Liga. Hasta que todo eso se ajusta, puedes encajar con facilidad. Iñigo ha sido inteligente para ajustarlo y en las últimas semanas las estadísticas indican que el equipo ha sido capaz de estar en el top cuatro europeo que más somete al rival por detrás de Bayern, Barça y PSG”.
Según Opta, el Villarreal es, después del Barça, el equipo de la Liga que menos permite que sus rivales se pasen la pelota: 9,8 pases por 8,4 del Barça. Iñigo Pérez lo advirtió ayer. En el Bernabéu no especularán. “Es el escenario perfecto para poder exponernos sabiendo que la dificultad es máxima”, advirtió.
“El primer paso cuando vas a ese tipo de escenarios es aceptar que te van a atacar y después conocer las claves para poder soportarlo. Es importante perder el miedo, esa sensación de que si pierdes el balón te van a transitar, y si haces lo otro te van a coger la espalda… Cuando uno repite esto constantemente —que sabemos que es cierto— deja de hacer las cosas que se necesitan para poder ganar. Si queremos ganar está bien saber dónde son buenos ellos, pero lo primero es mirarnos a nosotros”.
“Está en las estadísticas”, concluye, y “lo creo fervientemente. La mayoría de los equipos que no han ido a presionar al Bernabéu, al Camp Nou y al Metropolitano, han acabado sufriendo escenarios desfavorables. En mi experiencia, cuanto más agresivos hemos sido, cuanto más les hemos perdido el temor, más cerca hemos estado de la victoria. Y hay un aspecto mío, egoísta y personal: ¡no me gusta que me den pases!”.
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