Mundo Deportivo
13. októbra 2026
Pedro Rodríguez Ledesma (Santa Cruz de Tenerife, 1987), ha dicho adiós al fútbol tras 20 años de trayectoria y 25 títulos en su palmarés. Llegó como Pedrito, dio el salto al Barça como Pedro y se retira como Don Pedro. En esta entrevista con Mundo Deportivo repasa su extensa y exitosa carrera futbolística.
Pues la verdad que aún un poquito con los sentimientos ahí, muchas emociones. Ha sido difícil de gestionar en determinados momentos porque era muy emotivo, muy bonito y bueno ver a toda la gente con la que has crecido prácticamente como persona y como jugador, pues para mí también ha sido bastante bonito, emotivo. Con mucha adrenalina y en momentos nostálgico, triste porque dejas tu trabajo y tu carrera.
Lo cierto es que no, porque al final, cuando lo tienes ya todo más o menos claro... Siempre he querido hacer mi carrera en Europa y jugar en los mejores clubes. Y siempre lo dije, también desde niño: ‘cuando sienta que es el momento que no puedo competir en este nivel, le daré la mano a todo el mundo y me quitaré de en medio’. Es una forma también que va con mi persona, de ser honesto con el trabajo.
Estos últimos años para mí han sido difíciles a nivel competitivo, a nivel físico. Es ley de vida. Vienen chavales de 20 ó 25 años que está en plenitud física cuando tú ya estás en otro punto de tu carrera y de tu vida. Mis hijos querían que siguiera jugando, igual que mi pareja, mis padres, mis amigos porque jugar saben que es lo que me hacía feliz, pero ha llegado el momento y solo toca asumirlo.

Pedro Rodríguez posa para MDPere Punti/MD
De momento quiero darme ese descanso para poder respirar, analizar todo lo que ha sucedido y cómo ha ido el transcurso de mi carrera. Y luego sí que me volveré a activar porque soy una persona dinámica. Valoraré todas las opciones. Me gustaría formarme, aprender de otras ramas. No sé, ser agente, ser entrenador... Haber estado en diferentes países me ha hecho crecer como persona, saber varios idiomas.
Lo primero que me viene a la mente es que tanto esfuerzo, el cambiar quizá tu vida y pasarlo mal aquí al inicio, valió la pena. Fue muy duro, no como quizá la gente pueda ver desde fuera. Llegas al mejor club y a una gran ciudad como Barcelona desde una isla pequeña y un club pequeño.
El catalán también me costó un poco, sobre todo a nivel académico. En Tenerife tenía una vida digamos muy callejera, jugando al fútbol con mis amigos. Aquí había unas normas muy estrictas en La Masia: dormir a una temprana, descansar, estudiar, comer bien...
Todo eso al principio me costó mucho. Y encima no tenía cerca ni a mi familia, ni a mis amigos. Lloraba mucho, mi padre siempre estaba detrás para darme ánimos, para alentarme y realmente tenía razón. No sabía que era mi única oportunidad de poder llegar a un gran club como el Barça.

Pedro posa para Mundo DeportivoPere Punti/MD
Un montón de veces llamaba a mi padre diciéndole que me sacara de aquí. No porque estuviera mal, sino por lo que estamos hablando. Al final aquí tienes todas las comodidades del mundo, estás en el mejor equipo del mundo, todo controlado, las horas de descanso, comida, tienes todo lo mejor aquí, pero echaba de menos cosas básicas como hablar con mis amigos en un banco mientras comías pipas, jugar en el polideportivo como jugaba yo a lo mejor 10 horas seguidas, irte a la playa con tus amigos por la mañana...
Pasa lo más difícil y llega el día que Rijkaard le llama para el primer equipo. ¿Lo recuerda?
Perfectamente. Ezquerro tenía una gastroenteritis y no podía jugar. Y en ese momento fue Guardiola el que me llamó y me dijo: tienes que vestirte, vas convocado con el primer equipo. Cuando escuché las palabras primer equipo no me lo acababa de creer.
Me impactó mucho, primero porque había sido en ese momento elegido por delante del resto de mis compañeros de la base y segundo, que apareces en un escenario de repente en el que te lo has podido imaginar millones de veces en sueños, pero que cuando realmente llegas con el chándal a la concentración del hotel, estás con toda esa constelación de estrellas de jugadores al lado tuyo.
Te ves bajo las órdenes de Frank, que en ese momento era un entrenador que lo que lo había ganado todo, y dices: ‘¿qué hago aquí?’. Al final es un momento único. Llamé a mis padres para comentárselo y no se lo creían. Mi padre llamó a todo el pueblo para que fueran a casa a ver el partido.
Imagínate luego cuando tengo la opción de entrar y disputar unos minutos en el Camp Nou delante de toda la gente. Lo que significó para mí fue algo espectacular. Además, por cómo entré con la gente, que desde el minuto uno me ovacionaron.

Pedro, durante la entrevista con Mundo DeportivoPere Punti/MD
Aquello fue el aperitivo. Luego formó parte del mejor Barça de la historia. ¿Qué fue lo que vio en usted Guardiola?
Creo que lo que él vio en mí, sinceramente, quizás fue las ganas que yo tenía de poder dedicarme a esto y triunfar. Y luego todo lo que él me transmitía, cómo plasmaba todo lo que él me decía que tenía que hacer, cómo podía mejorar, para poder algún día crecer como jugador. Siempre confiaba en su criterio, en la teoría y en la idea que tenía Pep y en cómo él me lo transmitía.
Es que me dio muchos, ya desde la base. Yo creo que he sido uno de los jugadores que él ha tenido, digamos, bajo el brazo vamos a decir, de: ‘voy a intentar mejorar a este jugador en particular’.
Una anécdota muy buena con él fue antes de la final de la Champions en Wembley, que me llamó para hablar en el despacho el primer día de la semana de aquella final, el lunes y me dijo: ¿qué tienes ganas de jugar la final o estás cagado? Y le dije, no, hombre, estoy preparado, estoy preparado para jugarla y para hacerlo bien.
Y me dice, ¿estás seguro? Y digo, sí, venga, pues vas a salir el titular y me dijo: ‘Quiero que presiones todos los balones, que vayas arriba, que cuando tengas oportunidad mires a puerta, que hagas el trabajo de siempre. Fue como, guau. Siempre tuvo mucha confianza en mí y supo cómo motivarme y creo que le respondí también muy bien.
Todos los jugadores, básicamente de la base, me ayudaron mucho. En este momento ya eran grandísimas leyendas jugadores como Puyol, obviamente, que era el capitán, Xavi, que era una persona que siempre hablaba conmigo después de los entrenos, en que podía mejorar, en que podía crecer.
También Henry recuerdo que me daba muchos consejos de cómo me tenía que desmarcar, moverme, de cómo tenía que hacer las recesiones cuando venía dentro, cuando tenía que estar abierto. Puyol, Valdés, Xavi, Andrés o Henry, que era un jugador también muy respetado y querido dentro del vestuario. Obviamente, Leo era más joven y quizá no tenía en ese momento esa gran fuerza a la hora de decidir como lo hizo después.

Pedro posa para MD con el Camp Nou de fondoPere Punti
¿Qué es lo que se respiraba en ese vestuario para que se convirtieran en el mejor Barça de la historia?
Había un vestuario increíble, una armonía, un ‘feeling’ con todos los jugadores. Cada uno sabía su rol. No había egos por encima del resto. Todos teníamos muy claro los objetivos.
Lo queríamos hacer jugando al fútbol de la mejor manera posible, pero no solo con ‘tiki taka’, porque también había mucho trabajo detrás y mucho nivel en ese momento. Creo que se dieron muchas cosas, una idea de un entrenador único y muy perfeccionista, con jugadores de un talento espectacular. Con la figura de Leo Messi, que es prácticamente el mejor jugador de todos los tiempos.
Entonces se englobaron una serie de cosas que yo creo que fueron únicas, irrepetibles y que a día de hoy se están dando también, ¿no? Porque el Barça está haciendo ahora mismo un proyecto espectacular de futuro, con jugadores otra vez muy buenos, con un talento otra vez natural, que podemos decir que es el de Lamine y ojalá se mantenga en ese nivel durante muchísimos años, como Leo.
Creo que sí, tienen el nivel y las condiciones para poder hacerlo. Y es más, vuelvo a lo mismo, creo que tienen jugadores de mucho talento y proyección, quizá más joven que en ese momento nosotros, lo cual quiere decir que se podrían mantener más tiempo que nosotros en el tiempo. A nivel positivo, me refiero en cuanto a títulos, y yo creo que puede ser una época muy bonita para el Barça si siguen trabajando de esta manera.
Tito era una persona espectacular, de las personas más honestas y fieles que he conocido en el mundo del fútbol. Fue una pena vivir todo aquello que vivimos con él, porque fue un momento muy duro. Y un golpe para todos los jugadores que lo conocíamos de muchos años.
A mí me aportó muchas cosas, no solo a nivel a nivel futbolístico, sino también a nivel personal, también a nivel personal, porque yo aún era un niño cuando empezaba con ese proyecto en el B con Guardiola. Me hacía mejorar mucho, entender el juego. Recuerdo una anécdota suya muy graciosa.
Hubo un momento que encadené como una serie de partidos donde no marcaba goles y estaba jugando de titular. Me vino un día y me dijo: ‘Mira, Pedro, no le estás metiendo un gol ni al arco iris, y me sabe muy mal, pero te tengo que sentar y tengo que dar oportunidad a otros jugadores’. Y yo le dije: ‘Claro, míster, no pasa nada, tienes razón, ahora mismo estoy dando pena’
Sí, un técnico con una mentalidad ganadora, siempre positivo, trabajador y con una ambición voraz. Saca lo mejor de sus jugadores y lo ha demostrado ganando títulos en todos los equipos por los que ha pasado. Con él mejoré muchísimo, tanto en el Barça B como después, porque me exigía al máximo en cada entrenamiento y partido.
He tenido la suerte de tener como entrenadores a referentes que admiraba desde niño, como Guardiola y Luis Enrique. Ambos son líderes natos, con una mentalidad y una capacidad de transmitir que los convierten en dos de los mejores entrenadores del mundo.
Mi salida del Barça se debió a las circunstancias. Era el club que más quería, pero veía que cada vez tenía menos oportunidades y decidimos que lo mejor era probar otras experiencias.

Pedro, durante la entrevista con MDPere Punti/MD
Mucho. Amaba el Barça, estaba muy cómodo en el vestuario y tenía mi vida hecha aquí. Mi familia y mis hijos estaban en Barcelona. Cambiar de país, de cultura y dejar atrás todo aquello fue complicado, aunque también me ayudó a crecer como persona y como jugador.
A adaptarme a diferentes estilos de fútbol y culturas. En Inglaterra, con el Chelsea, me costó acostumbrarme a un juego más físico, de ida y vuelta, con muchos contragolpes, después de casi quince años formándome en un fútbol basado en la posesión y el control del partido. Una vez adaptado, disfruté mucho porque, como delantero, encontraba más espacios y ocasiones.
En Italia, en cambio, descubrí un fútbol más táctico y defensivo, donde los espacios son menores y marcar goles resulta más difícil. Estas experiencias me han enseñado que no basta con tener calidad: hay que saber adaptarse a cada estilo de juego. Cambiar de entorno te obliga a evolucionar.
Sin duda, la competición. Echo de menos la sensación de cambiarme en el vestuario antes de salir al campo, sentir la tensión y la presión del partido y luchar con mis compañeros por conseguir una victoria. Los entrenamientos del día a día los echo menos en falta, porque puedo mantenerme activo de otras maneras, pero la emoción de competir a ese nivel es difícil de sustituir.
Nos ha llegado que en su casa también hay madera de campeones. ¿Ve a alguno de sus hijos siguiendo sus pasos?
Brian y Kyle están evolucionando muy bien, con muchas ganas de trabajar y ambición. Ojalá tengan la oportunidad de ser futbolistas profesionales y disfruten de una buena carrera. Siempre les digo que, si algo les apasiona, deben poner todo su empeño en ello, sea el fútbol o cualquier otra cosa.
Como una persona tranquila, sencilla, humilde y trabajadora. Alguien que luchó por cumplir su sueño y lo consiguió. Me gustaría que mis compañeros, entrenadores, amigos y aficionados me recordaran por la energía que transmitía en el campo, mi humildad y mis ganas de trabajar.
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