Mundo Deportivo
2026年10月14日
Rubo Iranzo reinó en el aire ante el Atlético Madrileño y logró rescatar al Zaragoza en el partido. El empate final no se entendió sin su doblete y sin una lucha contra la lógica. Sufrió en el área propia, pero alcanzó una conquista en la contraria. Iranzo mostró que los defensas también pueden tener sueños de delantero.
La historia de Iranzo en Zaragoza es especial en todos sus capítulos. De apellido aragonés, 'Rubo’ contó en su llegada a Zaragoza sus visitas de infancia a la Basílica del Pilar. Y como el fútbol es el juego de los caprichos, si había algún momento para marcar, tenía que ser en estas fechas.
Ante el Atlético Madrileño, Iranzo cumplió todo lo que había prometido en las jornadas anteriores, en las que ya rondó el gol. Poderoso en sus aventuras, en Alcalá fue también letal en sus dos remates. Si en el primer tanto desplegó sus alas, el segundo tuvo un valor incalculable: le dio al Zaragoza opciones de creer en el milagro.
El fichaje de Iranzo se alargó más de lo que estaba previsto. Apalabrado antes de la compra de A.GAIN, la nueva propiedad paralizó el movimiento a su llegada. Sucedió algo similar con Diego González, que hoy completa las frases del valenciano en la zaga del Zaragoza. La plataforma de inversión revisó las cuentas al detalle y la operación pudo caerse en las semanas siguientes.
La enrevesada estructura del Valencia, que divide su mapa en diferentes estaciones, complicó todavía más el proceso. La operación se desatascó por una razón fundamental: Iranzo hizo todo por jugar en el Real Zaragoza. Su fichaje se cerró en la última semana de mercado y el club lo celebró con el vuelo de un murciélago. Pero el fútbol reservaba todavía un episodio inverosímil. Casi un cuento Cortázar.
Iranzo estrenó titularidad en la segunda jornada, frente al Antequera. Instantes antes de que el partido comenzara, el vuelo de un murciélago llamó la atención de los aficionados, ubicados en la tribuna este. No hay ninguna licencia en este relato, como si la realidad pudiera superar siempre a la ficción. El acontecimiento, casi sobrenatural, dejó una grada entera como testigos presenciales.
No se sabe si alguien pensó entonces en Iranzo, valencianista de cuna, y en una simbología tan especial. Pero lo cierto es que desde ese duelo, el chico de Picanya no ha hecho otra cosa que volar. Veloz y disciplinado, es capaz de corregir a campo abierto, de afrontar con garantías cualquier cuerpo a cuerpo. Es un defensor moderno, con pie y conducción, y un porvenir que se escribe en Primera División.
Como el fútbol está lleno de paradojas, Iranzo brilló en el área contraria el día que más sufrió en la propia. En ese punto, cuando todo parecía perdido, mostró que los mejores defensas también pueden tener alma de delanteros.
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